Después de la guerra de la Independencia, Estados Unidos entró en una etapa de expansión económica basada en un aumento de las exportaciones, generado por las guerras napoleónicas en Europa. Si bien este proceso culminó con el fin de las guerras en Europa, los años de prosperidad sirvieron para ordenar las finanzas del nuevo estado.
Durante el siglo XIX, el desarrollo económico del país siguió un rumbo ascendente. La Revolución Industrial en Gran Bretaña y su consiguiente necesidad de algodón constituyeron el principal estimulo para ello. En la primera mitad del siglo, el sur de los Estados Unidos, donde estaban situadas las plantaciones de algodón, fue el eje central del progreso económico, ya que gran parte de los productos de exportación estaba constituida por esta fibra.
El auge de esta producción hizo sentir su efecto en todo el país: se produjo una expansión hacia nuevas tierras en el sur para ampliar los cultivos, se inició un proceso de desarrollo manufacturero en el norte, aumentó el tráfico marítimo en las zonas costeras y se colonizó el oeste para la producción de cereales.
Pero este importante proceso de desarrollo económico no estaba exento de contradicciones. Estas regiones, que habían luchado unidas por la Independencia levantando las banderas de la democracia, vivían en un país donde la esclavitud no sólo no había sido abolida, sino que, contradictoriamente, se expandía cada vez más como consecuencia de la expansión de la producción algodonera. Los estados del norte, donde la mano de obra en sus fábricas era libre, abolieron la esclavitud y buscaban extender esta medida al resto de los estados. Los estados del sur, en cambio, utilizaban mano de obra esclava para las plantaciones de algodón.
La Guerra Civil
En 1860, la elección de Abraham Lincoln como presidente desató un serio conflicto. Este presidente no contaba con el apoyo de los estados del sur, ya que su programa político atacaba seriamente sus intereses al pretender abolir la esclavitud.
Como consecuencia de estas divergencias, en febrero de 1861 los congresistas del sur se retiraron de la Unión y crearon una confederación independiente donde se mantenía la esclavitud. Lincoln no aceptó esta actitud y decidió defender la unidad de los territorios por la fuerza. Así comenzó una gran guerra civil, conocida como Guerra de Secesión.
Los estados rebeldes del sur lucharon contra la falta de recursos, resistiendo durante cuatro años los enfrentamientos. La esperanza de que Francia o Gran Bretaña, las potencias europeas que más consumían su algodón, actuaran en su favor fue desapareciendo con el correr de los acontecimientos. La superioridad numérica del norte era evidente. En 1865, la contienda se dio por terminada luego de cuatro años de conflicto, que dejaron un saldo de más de medio millón de muertos y una deteriorada relación entre los estados del norte y los del sur. Aunque el conflicto fue sangriento, cuando éste estalló los Estados Unidos se estaban transformando en una de las naciones más ricas del mundo y pudieron recuperarse rápidamente de las consecuencias de la guerra.
El fin de la esclavitud
En 1863, Lincoln proclamó la abolición de la esclavitud, que al finalizar la guerra se hizo extensiva a los estados del sur. Además, entre 1865 y 1870, se les otorgó la ciudadanía a los negros, brindándoles protección ante la ley.
Pero no resultó tan sencillo modificar una práctica de tantos años. En el sur, el sistema de plantaciones esclavista fue reemplazado por uno de aparcería, en el cual los viejos esclavos trabajaban la tierra a cambio de una parte de su cosecha y, aunque lo hacían en condiciones de libertad, también eran sometidos a malos tratos que no diferían mucho de los que soportaban bajo el sistema anterior.
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