Las trece colonias británicas de América del Norte estaban organizadas en tres grandes regiones. En las colonias del Norte (Nueva Inglaterra) y en las centrales predominaban el trabajo libre y los pequeños propietarios. La mayoría de la población vivía en áreas rurales, donde producía lo necesario para cubrir sus propias necesidades.
En la zona costera de estas regiones se desarrollaron importantes centros urbanos y comerciales, como Filadelfia, Nueva York y Boston.
Las colonias del Sur, en cambio, se caracterizaban por la existencia de grandes plantaciones, cuya producción —tabaco, arroz y algodón— se destinaba, sobre todo, al mercado europeo, y de fincas familiares, donde vivían los propietarios de las tierras y de los esclavos, que constituían la mano de obra de las plantaciones.
Más allá de sus diferentes organizaciones económicas y sociales, las colonias experimentaron una fuerte expansión demográfica y territorial, y fueron consolidando una próspera economía a causa de la permanente necesidad que el mercado europeo tenía de sus productos.
El inicio de la revolución
A mediados del siglo XVIII, la corona británica necesitaba aumentar sus ingresos para costear sus guerras en el continente. Una de las medidas que tomó fue crear nuevos impuestos que gravaban el consumo de la población, como la ley del Timbre (Stamp Act) de 1765, sobre los documentos, los libros y las publicaciones periódicas.
En cada una de las trece Colonias había asambleas electivas integradas por colonos. El impuesto había sido implementado sin participación alguna de estas asambleas y sin que los colonos tuvieran en el Parlamento británico representantes que defendieran sus intereses. Por esta causa, reaccionaron violentamente y reclamaron el derecho de participar en la redacción de leyes que establecieran nuevos impuestos.
También declararon anticonstitucional esta ley, recordando a las autoridades metropolitanas el lema “No hay impuestos sin representación”, base fundamental de la Revolución Inglesa de 1688.
Finalmente, los colonos lograron la anulación de la Ley del Timbre. Un año después, Gran Bretaña sancionó un impuesto sobre el consumo de té. En señal de protesta, en diciembre de 1773 un grupo de ciudadanos de Boston, disfrazados de indígenas, asaltaron tres barcos que se encontraban en el puerto y arrojaron al agua el cargamento de te. El gobierno británico reaccionó con dureza y clausuró el Puerto de Boston.
Para discutir una actitud común frente a los acontecimientos, representantes de las colonias se reunieron en la ciudad de Filadelfia. En este Primer Congreso Continental (1774), los representantes justificaron la resistencia a las leyes anticonstitucionales y llamaron a los colonos a aplicar un boicot sobre todas las mercancías provenientes de Inglaterra.
La declaración de la Independencia
En 1775 se enfrentaron en Boston las tropas reales y las milicias organizadas por los colonos que lograron sus primeros triunfos. Cuando la noticia se extendió, los representantes de las colonias se reunieron en el Segundo Congreso Continental, donde tomaron la decisión de organizar un ejército central y eligieron a George Washington como comandante en jefe del mismo. Pero la medida más importante del Congreso fue declarar la Independencia de las colonias el 4 de julio de 1776, en nombre de la soberanía popular, la igualdad entre los hombres y el derecho de los gobernados a destituir a los gobernantes que se opusieran a los intereses del pueblo. El autor del texto de la declaración fue Thomas Jefferson.
Durante los años siguientes, los americanos libraron una guerra por su Independencia contra las fuerzas reales inglesas. En esta guerra, los colonos contaron con la ayuda militar y económica de Francia y España.
De la Confederación al Estado federal
En 1781, los ingleses se rindieron y las trece colonias ganaron su Independencia, convirtiéndose en los Estados Unidos de América. Dos años después, en 1783, se firmó un acuerdo de paz en el cual Gran Bretaña reconocía la Independencia de las colonias. A partir de ese momento, los dirigentes revolucionarios se dedicaron a dar forma al nuevo Estado. La necesidad de organizar un poder que ligara a las colonias condujo a la adopción de un sistema confederal. Esto significaba que los distintos estados se comprometían a mantener la unión pero delegaban muy pocos poderes al naciente gobierno nacional.
La Confederación debió hacer frente a las deudas que se habían contraído con las potencias europeas para financiar la guerra contra los ingleses y, al mismo tiempo, lograr el desarrollo económico de toda la región y coordinar el comercio exterior, fuente central de la prosperidad americana. Como los poderes del gobierno central no eran suficientes para enfrentar estos problemas, en 1787 se reunió una nueva convención en Filadelfia que sancionó una constitución. La Constitución de 1787 estableció un Estado federal, con un gobierno central con mayor poder que en un sistema confederal, y la división de los poderes de gobierno: el Poder Legislativo -el Congreso—, compuesto por las cámaras de Representantes y de Senadores; el Poder Ejecutivo, centrado en la figura del presidente, y el Poder Judicial, integrado por la Corte Suprema de Justicia.
1.- Explicar cuáles eran los dos modelos de desarrollo económico que habían seguido las colonias británicas del norte y del sur.
2.- Explicar cuáles fueron las razones que desencadenaron el proceso de independencia de las colonias de Norteamérica.
3.- Explicar cuáles fueron los principios ideológicos invocados en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos y con qué corriente de pensamiento europeo se relacionan tales principios.
4.- Reflexionar y explicar que futuro problema le generaría a España haber prestado apoyo militar y económico para la Independencia de las colonias de América del Norte.
5.- Explicar por qué razón fracasó el modelo de organización confederal en Estados Unidos y señalar cuál fue el que se impuso definitivamente.
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