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viernes, 21 de octubre de 2011

LA INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA


Las trece colonias británicas de América del Norte estaban organizadas en tres grandes regiones. En las colonias del Norte (Nueva Inglaterra) y en las centrales predominaban el trabajo libre y los pequeños propietarios. La mayoría de la población vivía en áreas rurales, donde producía lo necesario para cubrir sus propias necesidades.
En la zona costera de estas regiones se desarrollaron importantes centros urbanos y comerciales, como Filadelfia, Nueva York y Boston.
Las colonias del Sur, en cambio, se caracterizaban por la existencia de grandes plantaciones, cuya producción —tabaco, arroz y algodón— se destinaba, sobre todo, al mercado europeo, y de fincas familiares, donde vivían los propietarios de las tierras y de los esclavos, que constituían la mano de obra de las plantaciones.
Más allá de sus diferentes organizaciones económicas y sociales, las colonias experimentaron una fuerte expansión demográfica y territorial, y fueron consolidando una próspera economía a causa de la permanente necesidad que el mercado europeo tenía de sus productos.

El inicio de la revolución
A mediados del siglo XVIII, la corona británica necesitaba aumentar sus ingresos para costear sus guerras en el continente. Una de las medidas que tomó fue crear nuevos impuestos que gravaban el consumo de la población, como la ley del Timbre (Stamp Act) de 1765, sobre los documentos, los libros y las publicaciones periódicas.
En cada una de las trece Colonias había asambleas electivas integradas por colonos. El impuesto había sido implementado sin participación alguna de estas asambleas y sin que los colonos tuvieran en el Parlamento británico representantes que defendieran sus intereses. Por esta causa, reaccionaron violentamente y reclamaron el derecho de participar en la redacción de leyes que establecieran nuevos impuestos.
También declararon anticonstitucional esta ley, recordando a las autoridades metropolitanas el lema “No hay impuestos sin representación”, base fundamental de la Revolución Inglesa de 1688.
Finalmente, los colonos lograron la anulación de la Ley del Timbre. Un año después, Gran Bretaña sancionó un impuesto sobre el consumo de té. En señal de protesta, en diciembre de 1773 un grupo de ciudadanos de Boston, disfrazados de indígenas, asaltaron tres barcos que se encontraban en el puerto y arrojaron al agua el cargamento de te. El gobierno británico reaccionó con dureza y clausuró el Puerto de Boston.
Para discutir una actitud común frente a los acontecimientos, representantes de las colonias se reunieron en la ciudad de Filadelfia. En este Primer Congreso Continental (1774), los representantes justificaron la resistencia a las leyes anticonstitucionales y llamaron a los colonos a aplicar un boicot sobre todas las mercancías provenientes de Inglaterra.

La declaración de la Independencia
En 1775 se enfrentaron en Boston las tropas reales y las milicias organizadas por los colonos que lograron sus primeros triunfos. Cuando la noticia se extendió, los representantes de las colonias se reunieron en el Segundo Congreso Continental, donde tomaron la decisión de organizar un ejército central y eligieron a George Washington como comandante en jefe del mismo. Pero la medida más importante del Congreso fue declarar la Independencia de las colonias el 4 de julio de 1776, en nombre de la soberanía popular, la igualdad entre los hombres y el derecho de los gobernados a destituir a los gobernantes que se opusieran a los intereses del pueblo. El autor del texto de la declaración fue Thomas Jefferson.
Durante los años siguientes, los americanos libraron una guerra por su Independencia contra las fuerzas reales inglesas. En esta guerra, los colonos contaron con la ayuda militar y económica de Francia y España.
De la Confederación al Estado federal
En 1781, los ingleses se rindieron y las trece colonias ganaron su Independencia, convirtiéndose en los Estados Unidos de América. Dos años después, en 1783, se firmó un acuerdo de paz en el cual Gran Bretaña reconocía la Independencia de las colonias. A partir de ese momento, los dirigentes revolucionarios se dedicaron a dar forma al nuevo Estado. La necesidad de organizar un poder que ligara a las colonias condujo a la adopción de un sistema confederal. Esto significaba que los distintos estados se comprometían a mantener la unión pero delegaban muy pocos poderes al naciente gobierno nacional.
La Confederación debió hacer frente a las deudas que se habían contraído con las potencias europeas para financiar la guerra contra los ingleses y, al mismo tiempo, lograr el desarrollo económico de toda la región y coordinar el comercio exterior, fuente central de la prosperidad americana. Como los poderes del gobierno central no eran suficientes para enfrentar estos problemas, en 1787 se reunió una nueva convención en Filadelfia que sancionó una constitución. La Constitución de 1787 estableció un Estado federal, con un gobierno central con mayor poder que en un sistema confederal, y la división de los poderes de gobierno: el Poder Legislativo -el Congreso—, compuesto por las cámaras de Representantes y de Senadores; el Poder Ejecutivo, centrado en la figura del presidente, y el Poder Judicial, integrado por la Corte Suprema de Justicia.


1.- Explicar cuáles eran los dos modelos de desarrollo económico que habían seguido las colonias británicas del norte y del sur.
2.- Explicar cuáles fueron las razones que desencadenaron el proceso de independencia de las colonias de Norteamérica.
3.- Explicar cuáles fueron los principios ideológicos invocados en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos y con qué corriente de pensamiento europeo se relacionan tales principios.
4.- Reflexionar y explicar que futuro problema le generaría a España haber prestado apoyo militar y económico para la Independencia de las colonias de América del Norte.
5.- Explicar por qué razón fracasó el modelo de organización confederal en Estados Unidos y señalar cuál fue el que se impuso definitivamente.

Independencia de México

La Independencia de México fue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por la vía de las armas, que puso fin al dominio español en los territorios de Nueva España. La guerra por la independencia mexicana se extendió desde el Grito de Dolores, el 16 de septiembre de 1810, hasta la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821.
El movimiento independentista mexicano tiene como marco la Ilustración y las revoluciones liberales de la última parte del siglo XVIII. Por esa época la élite ilustrada comenzaba a reflexionar acerca de las relaciones de España con sus colonias. Los cambios en la estructura social y política derivados de las reformas borbónicas, a los que se sumó una profunda crisis económica en Nueva España, también generaron un malestar entre algunos segmentos de la población.
La ocupación francesa de la metrópoli en 1808 desencadenó en Nueva España una crisis política que desembocó en el movimiento armado. En ese año, el rey Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de Napoleón Bonaparte, que dejó la corona de España a su hermano José Bonaparte. Como respuesta, el ayuntamiento de México —con apoyo del virrey José de Iturrigaray— reclamó la soberanía en ausencia del rey legítimo; la reacción condujo a un golpe de Estado contra el virrey y llevó a la cárcel a los cabecillas del movimiento.
A pesar de la derrota de los criollos en la Ciudad de México en 1808, en otras ciudades de Nueva España se reunieron pequeños grupos de conjurados que pretendieron seguir los pasos del ayuntamiento de México. Tal fue el caso de la conjura de Valladolid, descubierta en 1809 y cuyos participantes fueron puestos en prisión. En 1810, los conspiradores de Querétaro estuvieron a punto de correr la misma suerte pero, al verse descubiertos, optaron por tomar las armas el 16 de septiembre en compañía de los habitantes indígenas y campesinos del pueblo de Dolores (Guanajuato), convocados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.
A partir de 1810, el movimiento independentista pasó por varias etapas, pues los sucesivos líderes fueron puestos en prisión o ejecutados por las fuerzas leales a España. Al principio se reivindicaba la soberanía de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero los líderes asumieron después posturas más radicales, incluyendo cuestiones de orden social como la abolición de la esclavitud. José María Morelos y Pavón convocó a las provincias independentistas a conformar el Congreso de Anáhuac, que dotó al movimiento insurgente de un marco legal propio. Tras la derrota de Morelos, el movimiento se redujo a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz.
La rehabilitación de la Constitución de Cádiz en 1820 alentó el cambio de postura de las élites novohispanas, que hasta ahí habían respaldado el dominio español. Al ver afectados sus intereses, los criollos monarquistas decidieron apoyar la independencia de Nueva España, para lo cual buscaron aliarse con la resistencia insurgente. Agustín de Iturbide dirigió el brazo militar de los conspiradores, y a principios de 1821 pudo encontrarse con Vicente Guerrero. Ambos proclamaron el Plan de Iguala, que convocó a la unión de todas las facciones insurgentes y contó con el apoyo de la aristocracia y el clero de Nueva España. Finalmente, la independencia de México se consumó el 27 de septiembre de 1821.
Tras esto, Nueva España se convirtió en el Imperio Mexicano, una efímera monarquía católica que dio paso a una república federal en 1823, entre conflictos internos y la separación de América Central.
Después de algunos intentos de reconquista, incluyendo la expedición de Isidro Barradas en 1829, España reconoció la independencia de México en 1836, tras el fallecimiento del monarca Fernando VII.

Independencia de Brasil
Vease: http://es.wikipedia.org/wiki/Independencia_de_brasil